En la antigüedad, cuando la vida era dura y mas bien corta, los maridos celebraban un rito para asegurarse de que los espíritus de sus mujeres no les dejaran demasiado pronto.
El marido ataría los tobillos y las muñecas de su mujer con cuerdas de hierba creyendo que este acto mantendría su espíritu dentro.
A lo largo de los años y a medida que las creencias religiosas han evolucionado, el sentido y el material de las cuerdas también ha evolucionado.
Ahora las novias solamente se atan los dedos con el anillo y los novios también han adoptado esta práctica.
La hierba pasó a ser primero cuero, luego piedra, después metal y finalmente oro y plata.
Una vez que en la ceremonia los novios han aceptado mutuamente sus votos de fidelidad, se colocarán el uno al otro un anillo, que deberán portar en el dedo anular, los cuales llevan grabado en el interior los nombres de los novios y la fecha de la ceremonia como recuerdo de ésta.
Es costumbre que los desposados los lleven consigo hasta que la muerte los separe.
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